jueves, 2 de mayo de 2013

Portugal: El derecho a la rebelión


Miguel Urbano Rodrigues

La Asamblea de la República, el día 25 de Abril, se convirtió en escenario de un espectáculo que fue ofensivo para el pueblo portugués. Para conmemorar la fecha, Cavaco Silva y la presidenta de la Asamblea pronunciaron allí discursos que fueron ejercicios de hipocresía.

Assunção Esteves, en una intervención ridícula, con pretensiones académicas y literarias, al evocar la jornada de Abril realizó una apología de la libertad y de la democracia para vincular ambas al momento que se vive hoy en Portugal. En la contrarrevolución identifica progreso, continuidad del proceso liberador.

Cavaco Silva se excedió en el cinismo. En un tono grandilocuente abrió con una oda a Abril para cerrar, bajo los aplausos frenéticos de los grupos del PSD y del CDS, con la justificación y la defensa de la política del gobierno. Hizo recordar, por su fariseismo, los discursos de Salazar.

Al final, con clavel al pecho, los enterradores de Abril cantaron 'Grândola Vila Morena'. En una mañana de pesadilla, el anfiteatro del palacio que hace de Parlamento fue transformado en palco de un teatro del absurdo.

Horas después, en las calles de Lisboa, bajando la Avenida da Liberdade, una multitud representativa del pueblo portugués respondió a la farsa reaccionaria, exigiendo la dimisión de la camarilla que oprime y desgobierna el país. La protesta de las masas no tiene de momento fuerza para barrer del poder a Passos y a sus ministros.

Utilizando los mecanismos de un sistema institucional controlado por la clase dominante, el mismo Primer ministro se prepara para anunciar y aplicar nuevas medidas contra los trabajadores.

Ellas configuran un desafío más al pueblo. Pero el desempleo galopante, la miseria de centenares de miles de familias, en una sociedad donde el hambre ya es una realidad, la convergencia de una multiplicidad de sufrimientos, una angustia colectiva, anuncian la proximidad de una situación de ruptura, en un desembocar de la indignación de las masas.

La historia enseña que en la vida de los pueblos víctimas de una opresión intolerable, las grandes luchas fermentan por tiempo variable hasta que ellos se levantan en explosiones sociales victoriosas. Entonces ejercen el derecho de resistencia y de rebelión -derecho que es antiquísimo y consta en el artículo 2º de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre y del Ciudadano promulgada por la Revolución Francesa de 1789. Es el derecho a la resistencia contra la opresión económica y social, derecho que, tras los horrores de la segunda guerra mundial, fue incluido en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre (artículos 22 a 25). La Constitución de la República Portuguesa lo menciona en el artículo 21, un derecho que el PSD y el CDS, en sucesivas revisiones, no consiguieron eliminar de nuestra Ley Fundamental.

Repito: la opresión económica y social traspasó en Portugal los niveles de lo soportable. Pero en el país no existen aún las condiciones subjetivas para el ejercicio pleno y eficaz del derecho a la resistencia.

Contribuir a su creación es hoy un deber de los comunistas. La manifestación del Primero de Mayo dará continuidad a las protestas del 25 de Abril. Expresará, ciertamente, la indignación popular en una atmósfera de combatividad creciente de las masas. Será un avance.

En grandes momentos de la Historia de Portugal el ejercicio del derecho a la resistencia desembocó en la rebelión popular. Eso pasó en las revoluciones de 1383 y 1640. Y en el levantamiento nacional del 25 de Abril de 1974.

Serpa, 28 de abril de 2013
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