lunes, 7 de enero de 2013

Colombia: Fallece el filósofo y Maestro Hoyos, quien reivindicó siempre el papel de las víctimas, de los excluidos y defendió la diferencia

Foto Universidad Central



Adiós al Maestro Hoyos, quien reivindicó siempre el papel de las víctimas, de los excluidos y defendió la diferencia

Por Roberto Romero Ospina
Tomado del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación

*El pasado 5 de enero, falleció en Bogotá, Guillermo Hoyos, uno de los más destacados filósofos del país comprometido con la paz

Corría 1982 y los pocos alumnos de Filosofía de la Nacional que íbamos para el sexto semestre, no más de media docena, comentábamos quién sería el profesor de epistemología. Por lo general, casi a la víspera del comienzo de las clases se publicaba en la cartelera el listado de maestros.

Todos, sin excepción, aplaudimos la decisión de la Facultad de que nos tocara con Guillermo Hoyos. Sus clases siempre estaban motivadas por la agitación que representaban los temas novedosos.

Y así fue. Hoyos desde un comienzo se despachó con un anuncio: “Muchachos, este semestre vamos a trabajar un filósofo que anda inquietando este mundo del pensamiento, se trata del vietnamita de Tran Duc Tao”.

De inmediato nos recomendó su obra capital Fenomenología y materialismo dialéctico, editada en 1951. Desde ese momento comprendí que Hoyos era el profesor de filosofía más ajeno, por convicción y sobre todo por amor a sus discípulos, a las coyundas del dogmatismo.

Educado en la Universidad de Colonia, Alemania, con una tesis laureada sobre la fenomenología de Edmund Husserl, no veía imposible que un pensador marxista como Tao y a la vez admirador de Husserl podrían congeniar en sus tesis sobre las realidades de este mundo.

Fue uno de los semestres de mayor debate que haya tenido donde casi la media docena de alumnos se consideraba seguidora de las doctrinas de Marx.

Y así era siempre Hoyos. Nunca se limitó a las escuetas cartillas del saber. Le fascinaba contraponer las más encontradas escuelas para bucear sus verdades. Y todo en medio del sacudón del tema palpitante, marcado por una vehemencia nada hiriente en la exposición.

Desde entonces comprendí que Hoyos era el más intransigente defensor de la diferencia. Así lo entendía con la introducción de un marxista que hizo suyo como Tran Duc Tao.

Con razón sus colegas lo describieron como el profesor que “reabre continuamente sobre el país posible, la paz, la cultura política, la democracia, la inclusión social y cultural y el perdón. Guillermo Hoyos representa, para la academia colombiana y latinoamericana, un auténtico maestro; un maestro por su disposición para la crítica, el libre examen y la renovación de las ideas” como señaló Eduardo Rueda, Profesor Asociado de la Pontificia Universidad Javeriana.

Hoyos, educador de más de medio siglo, el primer doctor en Filosofía que tuvo el país, ha sido un eterno convencido de que desde el respeto por la diferencia y la formación de buenos ciudadanos es posible construir una sociedad más justa, ordenada y solidaria. Su compromiso con la democracia lo acercó a la iglesia y también lo alejó de ella, lo volvió docente, representante de los maestros, líder de programas académicos y eminencia intelectual como dijo El Espectador.

Oriundo de Medellín, creyó, desde niño, en su vocación social. A los 11 años se unió a los jesuitas, los primeros sacerdotes que prescindieron de la sotana y se volcaron a las comunidades pobres para ayudarlas desde adentro. Los curas estudiaban a Marx, investigaban otras religiones y convivían diferentes razas y creencias.

La ruptura de Hoyos con la iglesia se dio luego de viajar a Alemania donde estudió teología en la Universidad de Frankfort, bajo los preceptos del Concilio Vaticano II, y más adelante se convirtió en doctor de Filosofía de la Universidad de Colonia. A su regreso Hoyos se declaró en desacuerdo con los lineamientos de la iglesia colombiana y después de más de treinta años de servicio, renunció al sacerdocio en 1976.

Sin embargo, murió cerca de los jesuitas, tan cerca que fue el último director de su instituto Pensar, adjunto a la Universidad Javeriana y al Instituto de Bioética.

Como anotan las referencias de prensa, se dedicó a la docencia y se convirtió en un activo seguidor y el principal gestor latinoamericano de las teorías comunicacionales del sociólogo alemán Jürgen Habermas. Desde su discurso se planteó estrategias pedagógicas basadas en la escucha y el respeto por las opiniones libres, quizá por eso en un reciente homenaje, profesores como Nathalie Chingate, de la Universidad Javeriana, resaltaron la capacidad de Guillermo Hoyos de enseñarles a través del ejemplo la capacidad de “aprender y desaprender y de construir y deconstruir los modelos de formación”.

 ”Su fin es caminar hacia una ciudadanía amable, incluyente y propositiva” dice Chingate.

Por eso no dudó un instante cuando Camilo Gonzáles Posso, director del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, le propuso en abril de 2010, dictar una cátedra magistral en el ciclo de conferencias para docentes del Distrito “Memoria con sentido de futuro”.

Hoyos disertó ante más de medio millar de maestros sobre la enseñanza de las ciencias sociales y su papel en la consolidación de una sociedad incluyente, participativa y democrática. Ya lo aquejaba una enfermedad mortal. Pero se le vio con esa entereza y poder de convicción que rayaba en el discurso de tribuna.

El tema lo tocó tomando como referencia fundamental al maestro Walter Benjamin, autor de Tesis sobre la filosofía de la Historia, apartes de cuya obra citó para expresar que es hora de revertir el aserto de que la historia la hacen los vencedores.

 Hoyos reivindicó el papel de las víctimas, de los excluidos, de quienes no aparecen o están invisibilizados, y señalando algunos puntos de la obra de Kant, La paz perpetua, recordó que “no debo hacer la guerra, ni a mis congéneres ni a mis vecinos”, para indicar que lo más pedagógico es reconocer al otro, estar en el pensar del otro.

Hoyos, que se apoyó en unas láminas inmensas en power point que cubrían las paredes de tres costados del salón de actos de Compesar, con citas de varios autores subrayó que la educación es comunión y a la vez comunicación, esencia de la participación.

El Maestro consideró que lo fundamental para la enseñanza no debe partir de la competitividad y el éxito como lo multiplican los medios malsanamente, sino en la cooperación, la colaboración, para desarrollar los activos sociales.

Una praxis que llevó siempre consigo. De ahí su impronta en los diálogos que culminaron en los acuerdos de paz con el M-19 en 1989. Y el proceso de paz con las FARC de la Uribe.

Varias veces lo encontré en Casa Verde, en 1984, él como miembro de la Comisión de Verificación del Cese al Fuego con las FARC y yo como periodista. Siempre sonriente, hablando duro, fraterno y lleno de fe en los caminos de paz. Se saludaba de abrazo con Marulanda y Jacobo Arenas Hoyos, quienes lo escuchaban con respeto. Hoyos siempre fue un filósofo, pero también un hombre acción. Hoy continuaría brindando todo su entusiasmo al proceso de la Habana.

Tomado del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación

domingo, 25 de noviembre de 2012

Colombia/desaparecidos: Leonardo Gómez se gradúa de bachiller 29 años después o cómo un colegio hace justicia

El día de la graduación de Leonardo Gómez, víctima por el Terrrismo de Estado



Viernes, 23 de Noviembre de 2012 10:36
Tomado de Centro de Memoria [1] http://www.centromemoria.gov.co/index.php?option=com_content&view=article&id=932:leonardo-gomez-se-gradua-de-bachiller-29-anos-despues-o-como-un-colegio-hace-justicia&catid=47:conmemoraciones&Itemid=95

Por: Roberto Romero Ospina

Cuando el maestro de ceremonias leyó el programa y anunció el punto de grado póstumo, todos se miraron sorprendidos sabiendo que los 40 bachilleres y sus familias no conocían ningún caso de algún condiscípulo fallecido y mereciera el título que con tanta esperanza se otorgaba este día.
El rector del colegio distrital Bravo Páez, Arnulfo León Rodríguez, quien abrió el acto de graduación de los nuevos bachilleres el 22 de noviembre, lo señaló en su intervención después de las felicitaciones de rigor a todos los asistentes: “También hoy entregaremos el título a Leonardo Gómez, quien fuera asesinado pocos días antes de culminar sus estudios en este colegio y a quien le hacemos justicia 29 años después”.
El colegio siempre otorga el título póstumo a aquellos estudiantes que en el curso del año once por cualquier circunstancia han fallecido, honor que siempre se le negó a Leonardo.
El salón del Instituto Distrital de Recreación y de Deportes ya había sito testigo de la entrega de los 40 diplomas en medio de los aplausos de los familiares. Al final, se llamó a Leonardo. Su hermana, Gloria, directora de la Asociación de Familiares Detenidos Desaparecidos Asfaddes, recibió conmovida el cartón de bachiller y se dirigió a todos.
“Leonardo, ausente siempre presente, presente en la memoria. Todos los miles y miles de desaparecidos de Colombia deben estar siempre presentes. Mi hermano también tenía sueños como todos ustedes y les fueron arrebatados por la violencia por soñar por un país mejor”, recordó.
Fue una intervención breve mientras sostenía el pergamino y una foto de Leonardo. “Soñaba con ser un gran pintor y su talento lo plasmó a sus 18 años en varios obras e incluso pintó algunos murales en el colegio, que lamentablemente fueron borrados”, dijo.
Gloria, entonces, denunció que a Leonardo lo desaparecieron el 14 de noviembre de 1983 y fue encontrado tres días después en la morgue con señales de tortura. “Fue un activista estudiantil que luchaba por la calidad de educación pública, para que este colegio fuera aun mejor, por eso lo asesinaron”.
Recordó que Leonardo encabezó en el Bravo Páez la protesta por la desaparición de dos de sus alumnos, Ramiro Osorio y Rodolfo Espitia, también militantes de la causa estudiantil, sin dejar de mencionar a otro egresado del mismo colegio, Pedro Pablo Silva, desaparecido en 1982 cuando era discípulo de la facultad de medicina de la Universidad Nacional. Todos estos crímenes siguen en la impunidad.
“Hoy hemos logrado este justo reconocimiento para Leonardo después de que se le negó durante 29 años por parte de una directivas despiadadas que nunca honraron la justicia”, subrayó, añadiendo que “hoy ya no se trata de la voluntad sino que las leyes obligan al Estado a hacer justicia como lo exige en parte la ley 1448 de reparación a las víctimas”.
Gloria recordó cómo el Distrito tiene ahora su Centro de Memoria, Paz y Reconciliación que reconoce también la Casa Cultural Leonardo Gómez como un centro de actividades por la verdad histórica y en defensa de las víctimas de la violencia política.
El Centro de Memoria siempre acompañó a Gloria ante la Secretaría de Educación y ante el colegio mismo para que se reparara a Leonardo que es una reparación también a toda la sociedad.
No hay duda que este 22 de noviembre algo avanzó la justicia reparadora cuando después de casi tres décadas, el colegio distrital Bravo Páez otorgó su diploma a Leonardo, quien estuvo acompañó a todos en esta ceremonia contra el olvido.
Vea en la sala 2 algunas de las obras artísticas de Leonardo Gómez
[1] http://www.centromemoria.gov.co/index.php?option=com_content&view=article&id=932:leonardo-gomez-se-gradua-de-bachiller-29-anos-despues-o-como-un-colegio-hace-justicia&catid=47:conmemoraciones&Itemid=95

jueves, 6 de septiembre de 2012

Construyendo memoria en Colombia: El 6 de septiembre de 1952 o la fiesta de los pirómanos

Construyendo memoria en Colombia. . .




La casa incendida de Carlos Lleras Restrepo, foto El Tiempo



El 6 de septiembre de 1952 o la fiesta de los pirómanos




Por Roberto Romero Ospina
Jueves, 06 de Septiembre de 2012 08:21
Sí, como dice Carlos Lleras de la Fuente al final de su artículo en El País,publicado hace cinco días, aquel 6 de septiembre de 1952 fue la fiesta de los pirómanos. El columnista criticaba a El Tiempo por reimprimir el 20 de agosto pasado un viejo artículo de Alberto Lleras que elogiaba al ex presidente conservador Roberto Urdaneta Arbeláez.
“Yo no puedo creer que la Junta Directiva de la Casa Editorial, que tiene varios Santos como miembros, fuera consciente, y eso los hace ver pequeños, irresponsables o torpes, de que en el año en que deberían conmemorar los 60 de los incendios del 6 de septiembre de 1952, a los cuales seguirá vinculado el presidente encargado Roberto Urdaneta Arbeláez, culpable de ellos por acción u omisión, hayan aprovechado para desenterrar un viejo artículo de Alberto Lleras (1947) en el cual alababa a esa nefasta figura”, se dolía Carlos Lleras de la Fuente.
Por su parte Alberto Donadío, en su columna de El Espectador del 24 de agosto, hacia lo propio. ”El incienso de El Tiempo se enciende ahora para enaltecer el cuadragésimo aniversario de la muerte de Urdaneta en 1972. ¿De cuándo acá es este un suceso para evocar? ¿Qué genuflexión prepara El Tiempo para el 20 de febrero, cuando se cumplirá el glorioso natalicio 124 de Laureano Gómez?”.
Cuando los pájaros se tomaron a Bogotá
Ese 6 de septiembre de 1952, una turba de pájaros, los paramilitares de la época, aupada por el presidente conservador Urdaneta Arbeláez, quien había remplazado al presidente Laureano Gómez por enfermedad de éste, incendió, en menos de seis hora, los edificios de El Tiempo y El Espectador, las casas del expresidente Alfonso López Pumarejo y del jefe liberal Carlos Lleras, y no saciada con su propio horror, la sede de la Dirección Nacional Liberal.
Eran los tiempos de La Violencia iniciada en 1946 por el régimen derechista de Ospina Pérez y que tuvieron el más amargo momento con el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán en el imborrable 9 de abril de 1948.
El pueblo gaitanista, que sufría un genocidio, se levantó en armas en defensa de la vida. Miles de campesinos se agruparon en los Llanos, Boyacá, el Valle, Santanderes, Caldas y Tolima contra los chulavitas y pájaros que desde el gobierno dieron curso al terrorismo de Estado para liquidar todo lo que oliera a progreso. El partido comunista había sido declarado fuera de la ley.
Surgieron, entonces, las guerrillas liberales que ganaban cada vez más influencia, unidad de mando, y sobre todo, una línea programática que apuntaba a los cambios que exigía un sistema causante de las miserias del pueblo. 
El movimiento insurgente liberal golpeaba sin cesar a las tropas oficiales. El 4 de septiembre de 1952, un comando guerrillero atacó a la policía en Rovira, Tolima, matando a cinco agentes. 
Dos días después, el 6 de septiembre, tuvo lugar en Bogotá el sepelio de los caídos en la iglesia de San Diego con la asistencia de Urdaneta Arbeláez.
El recorrido siniestro
Apenas se marchó el presidente Urdaneta, varios camiones repletos de pájaros y policías chulavitas, armados de machetes y fusiles, se dirigieron a la Avenida Jiménez con Séptima. Primero apedrearon las oficinas de El Tiempo para luego incendiar sus instalaciones a lo gritos de “abajo los bandoleros liberales”. La misma dosis contra las instalaciones de este diario de la carrera 17 con 13.
De inmediato la horda subió por la Jiménez y en la carrera quinta, asaltaron El Espectador que fue presa de las llamas también. Otra vez en los camiones, tomaron por la Séptima y en la tercera con 24 quemaron sin contemplación alguna, la casa del ex presidente liberal Alfonso López Pumarejo.
Frente al Parque Santander, a media cuadra de la Séptima, las bandas sicariales asaltaron la sede de la Dirección Nacional Liberal y le prendieron fuego.
Luego tomaron hacia el norte para arrasar con dinamita y fuego, la residencia de Carlos Lleras Restrepo, situada en la calle 70 con Séptima.
La policía o el ejército jamás aparecieron en estas seis horas de afrenta. Los carros de bomberos nunca pudieron llegar a los sitios de las conflagraciones pues la turba impidió su paso como lo presencié a las cinco de la tarde frente a la casa de Lleras en un hecho que comenzó, desde mi infancia, a mostrarme desde entonces que no hemos vivido un solo día de paz en Colombia.
Las excusas de Laureano
Laureano Gómez diría un año después, desde su exilo en Nueva York, que “los sucesos del 6 de septiembre y la manera como se manejaron sus consecuencias, pugnan con mi concepto del buen gobierno. Tuvieron lugar porque se aprovechó la ausencia de la ciudad del Designado (Urdaneta) y de los principales funcionarios.”
Urdaneta también escurría el bulto de su infamia. Rafael, su hijo, lo llamó al radioteléfono del coche presidencial. Avisado, Urdaneta regresó. Pero fue tarde. También estaban ausentes los ministros de Gobierno y de Guerra y el comandante general de las Fuerzas Militares, recordó en una nota el periodista conservador Alberto Dangond, tratando en vano de ampararlo.
Alfonso López y Carlos Lleras se asilaron en la Embajada de Venezuela y el 29 de septiembre viajaron a México. Desde el exilio ordenaron la desmovilización de las guerrillas liberales y cortar todo el apoyo escaso que recibían.
Se trataba de los más agudos enfrentamientos, incluso a sangre y fuego, entre los propios mandos del establecimiento, jamás vistos por las clases dominantes en el siglo pasado.Estos solo se atenuarían con el régimen del Frente Nacional y como si nada hubiera pasado, no hubo reparación a las víctimas. Por desgracia más de 300 mil colombianos pagaron con su vida estas contradicciones en las alturas cuando las dos facciones, como el 6 de septiembre, incendiaron todo el país.

María Isabel Rueda, periodista laureanista escribió en su libro Casi toda la verdad, que “el incendio de El Tiempo se le atribuye históricamente a una consigna de Laureano Gómez. Sea cierto o no, se volvió una verdad irreversible”.
Laureano, cuando pretendía retomar el mando en la mañana del 13 de junio de 1953, cayó tras el golpe de Estado de Rojas Pinilla el mismo día en la noche. El general fue saludado por el partido liberal y la facción ospinista del conservatismo como “el segundo Libertador”. Sería también defenestrado tras la gran movilización popular, pero dirigida por los dos partidos tradicionales, el 10 de mayo de 1957, hace 35 años y tras una secuela de violencia.
Durante su mandato, refrendó la declaratoria de fuera de la ley al comunismo.
Urdaneta se concilió con los liberales, apoyó el golpe de Rojas y todos sus crímenes quedaron en la impunidad, incluidos los incendios del 6 de septiembre, aquella jornada en que la violencia del campo se tomó por un día toda la capital.
Tomado del portal de Centro de Memoría

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Construyendo memoria en Colombia: ¿Dónde están Miguel Ángel y Faustino?



Miguel Ángel Diaz - Faustino López



¿Dónde están Miguel Ángel y Faustino?




*Este 5 de septiembre se cumplen 28 años de la desaparición forzada de estos dos luchadores sociales y dirigentes de la UP
Por: Roberto Romero Ospina
Miguel Ángel Díaz había escogido el camino de la lucha social. Despedido en forma injusta del Instituto Colombiano de Cultura, junto a su esposa, por participar en un paro nacional de trabajadores al servicio del Estado, Miguel Ángel decide dedicarse al trabajo completo como funcionario del Partido Comunista en el comité regional de Bogotá.
Siendo tesorero, decide viajar en los primeros días de septiembre de 1984 a Puerto Boyacá, Boyacá. Lo acompañaba un viejo militante del partido, dirigente social en esa región, Faustino López.
Iban a redondear un negocio de una propiedad que precisamente podría proporcionar algún dinero a las finanzas que maneja Miguel Ángel.
El trámite no se pudo culminar: el 5 de septiembre de 1984, hace 28 años, Miguel Ángel Díaz después de salir en las horas de la mañana de la oficina de Registro de Instrumentos Públicos de Puerto Boyacá, para legalizar la escritura de una casa de propiedad del Partido Comunista, es secuestrado.

Los testigos hablan de que Miguel Ángel fue introducido a la fuerza en un carro Renault 12, al que seguía una motocicleta roja, conducida por el detective rural del DAS Jorge Luis Barrero.
Los perpetradores del plagio de Miguel Ángel no se quedaron quietos. En l noche del mismo día cuatro encapuchados y el agente del DAS allanaron la casa de Faustino, a quien sacaron en un costal como testificaron varios vecinos.
Desde entonces nadie sabe del paradero cierto de estos dos militantes de la naciente Unión Patriótica. Por estos hechos, el Juzgado Primero Penal del Circuito de Tunja, el 29 de mayo de 1986, condenó por el delito de secuestro simple al agente Barrero, capturado el 17 de julio de 1987 y recluido en la cárcel El Barne, hasta el 27 de febrero de 1990, cuando fue puesto en libertad por pena cumplida.
Entonces para Gloria, la compañera de Miguel Ángel, para sus tres pequeñas hijas, así como para las hijas de Faustino, la vida se convirtió en un calvario. Interesadas en la búsqueda de los dos trabajadores políticos, organizaron toda clase de actividades, entre ellas una visita al mismo Puerto Boyacá.
No fueron solas. Tres buses llenos de trabajadores del sindicato al que perteneció Miguel Ángel, Fenaltrase, acompañados de otros sindicalistas, tan pronto llegaron a Puerto Boyacá, fueron violentamente repelidos por bandas paramilitares. No fue posible que se bajaran un instante.
Bajo ensordecedoras amenazas tuvieron que regresar a Bogotá. Todo esto indicaba que los criminales no iban a permitir el esclarecimiento de los hechos.
Después vendrían las amenazas y los seguimientos a Gloria y sus hijas que las obligaron al exilio. El Espectador relató el año pasado que Gloria volvió a Colombia en 2003, pero, dos años después, luego de que personas extrañas entraran a su casa, revolcaran todo y le dejaran sobre su escritorio un libro escrito por el jefe paramilitar Salvatore Mancuso, volvió al exilio.
Después en febrero de 2011, un mural con la foto de Miguel Ángel, que realizaron sus familiares para exaltar su memoria, fue tachado con mensajes que lo calificaban como terrorista. Los criminales, 26 años después aun no olvidaban de esta forma siniestra al luchador.
El mismo diario recuerda que la historia de Miguel Ángel y su familia, sin embargo, no empieza con su desaparición. En septiembre de 1979 fue declarado insubsistente de su cargo en el Instituto Colombiano de Cultura, junto a su esposa, por participar en un paro nacional de trabajadores al servicio del Estado. Ocho años después, el 7 de octubre de 1987, el Tribunal Contencioso Administrativo de Cundinamarca les dio la razón y ordenó el reintegro de Miguel Ángel a su cargo. Pero él no asistió, llevaba tres años desaparecido. Tres meses después, el entonces director de Colcultura revocó el reintegro argumentando simplemente que Miguel Ángel Díaz no se presentó.
Como si fuera poco, por todas las dificultades derivadas de la desaparición forzada de su esposo, Gloria Mancilla empezó a atrasarse en el pago de una casa que había adquirido con su esposo a través de un crédito. Y el Fondo Nacional del Ahorro (FNA) inició un proceso de embargo que terminó el pasado 12 de mayo, cuando la mitad de la casa fue rematada por el juez 26 Civil del Circuito de Bogotá, Leonardo Antonio Caro, cumpliendo órdenes de la Sala Civil del Tribunal Superior de Bogotá. Ese día, el juez recibió en sobre cerrado 12 ofertas. Pero sólo una prometía una suma por la mitad de la casa. Las otras 11 contenían una hoja con el rostro de Miguel Ángel y un letrero que decía: “Los bienes de los desaparecidos no se rematan”.
Hoy, 28 años después de la desaparición forzada de Miguel Ángel y Faustino, los familiares esperan que la Fiscalía resuelva favorablemente un el derecho de petición de 26 páginas que radicó su apoderado para que este crimen no prescriba y sea declarado como de lesa humanidad.

jueves, 30 de agosto de 2012

1 septiembre de 1986: Asesinados los dos primeros parlamentarios de la UP, Leonardo Posada y Pedro Nel Jímenez


Construyendo memoria en Colombia. . . 


Pedro Nel Jiménez y Leonardo Posada


El 1 de septiembre de 1986 cayeron asesinados los dos primeros parlamentarios de la Unión Patriótica; Leonardo Posada y Pedro Nel Jímenez

*El  30 de agosto y el 1 de septiembre de 1986, hace 26 años, cayeron asesinados los dos primeros parlamentarios de la Unión Patriótica; Leonardo  en Barrancabermeja y Pedro Nel  en Villavicencio. Semblanzas
Por Roberto Romero Ospina

Leonardo Cuando aterrizó la avioneta esa noche del 31 de agosto de 1986 en el aeropuerto El Dorado, con los restos mortales de Leonardo acompañados por su madre, Reina de Posada, un puñado de militantes de la Unión Patriótica entonaron consignas salvadoras que erizaron la piel de todos.


Entre ellos se encontraba Bernardo Jaramillo, un año más tarde presidente del joven movimiento tras el asesinato del líder, Jaime Pardo Leal, el 11 de octubre de 1987 y quien también caería acribillado el 22 de marzo de 1990.


Jaime Pardo Leál y Bernardo Jaramillo
Y aunque arreciaba la ola de atrocidades sin cuento contra la UP, creada el 28 de mayo de 1985, nadie en la pista imaginaba el horror que le esperaba al país con el peor genocidio político de su historia reciente.

Bernardo, como Leonardo, ex dirigente de la Juventud Comunista, repasaba sus momentos recientes en Apartadó donde trabajaba como abogado defensor de sindicalistas. "Con esta andanada yo regreso a la casa siempre con la mano puesta en un revolver que cargo pues uno nunca sabe", decía.

A Leonardo lo mataron el 30 de agosto, a eso de las siete de la noche en una calle de Barrancabermeja cuando caminaba con su novia. Los sicarios, dudando de su accionar criminal, acudieron minutos más tarde al centro asistencial donde llegó con vida, rematándolo sin contemplación alguna.

El joven dirigente alcanzó a despedirse con un ruego final: que en su sepelio no se entonaran himnos y cánticos revolucionarios, solo deseaba que se pusieran los boleros que siempre lo deleitaron.

Así se hizo en el sepelio masivo en el Cementerio Central donde hablaron Horacio Serpa,  Jaime Pardo Leal y Luis Carlos Galán, lo que demostraba la magnitud del daño hecho al país. Pardo y Galán caerían también uno y dos años más tarde ante un país adormecido.

Leonardo se convertía en el primer mártir de gran notoriedad de la UP y abría el desgraciado camino de una decena de congresistas del partido sacrificados por la barbarie de la intolerancia.

Leonardo, hijo del veterano dirigente comunista Julio Posada, había nacido en Bogotá el 19 de octubre de 1947 y siendo estudiante de la secundaria, se unió a las filas de la Juventud Comunista, llegando a la dirección nacional cuando tenía 20 años.

Ya como estudiante de la Universidad Nacional, donde cursaba estudios en Ciencias de la Educación, le correspondió liderar a su organización en el movimiento estudiantil en una desigual batalla con los contrincantes de la izquierda, en especial con el MOIR.

El gran movimiento universitario de 1971, por la autonomía y el cogobierno que paralizó por meses todas las actividades académicas, tuvo en Leonardo a uno de los conductores más comprometidos. Hacía parte por la JUCO de la Coordinadora Nacional Universitaria que contaba con dirigentes destacados como Marcelo Torres, Moris Ackerman, Héctor Moncayo, Amilkar Acosta, Uriel Ramírez y Camilo González Posso, entre otros.

Esa fue la gran escuela de formación política y cívica de Leonardo. Pasado el movimiento, Posada termina sus estudios de educación, pero no se dedica al magisterio, prefiere continuar como funcionario de la JUCO donde permanece hasta 1983.

El partido y una vez nace la UP, lo destina a Barrancabermeja donde rápidamente asciende en el escenario social siendo electo concejal e integra la Coordinadora Popular, real vocero de los intereses ciudadanos.

En las elecciones parlamentarias de 1986, obtiene, con una copiosa votación, una curul en la Cámara de Representantes que no logró un instante ocupar.

A Leonardo, por su arraigo popular y su desbordante simpatía (eran memorables sus duelos de chistes y gracejos con Jaime Pardo Leal) algunos medios lo señalaron como uno de los más representativos exponentes de lo que llamaron la "social bacanería", distante del supuesto acartonamiento que se le endilga a la izquierda colombiana.

Hoy contaría con 65 años y seguramente dando brega por nuevos horizontes de paz y justicia social para el país como siempre lo hizo en vida.

Su crimen continúa en la más completa impunidad y hace parte del caso 11227 que hace curso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, en busca de justicia y reparación.

Para honrar su memoria, en 2004 el ex alcalde de Bogotá Luis Eduardo Garzón, su amigo cuando éste era dirigente del sindicato de la USO en Barranca, le otorgó la Orden Civil al Mérito "Ciudad de Bogotá" en el Grado de Cruz de Caballero.

Así mismo, un megacolegio distrital construido en la localidad de Bosa, fue bautizado con su nombre.

Como todos los 30 de agosto, hoy sus familiares y amigos le rendirán un sencillo homenaje frente a su tumba en el Cementerio Central de Bogotá.

Pedro Nel
No habían acabado de enterrar los adoloridos miembros de la Unión Patriótica a uno de sus más queridos dirigentes, el recién electo Representante a la Cámara, Leonardo Posada, asesinado en Barrancabermeja el 30 de agosto, cuando ya el 1 de septiembre varios sicarios daban muerte al senador por la misma agrupación, Pedro Nel Jiménez.

Fue tal la conmoción nacional pues con una diferencia de horas caían los dos primeros parlamentarios de la UP, que la comisión del ejecutivo nacional presidida por Jaime Pardo Leal, que había solicitado una audiencia con el presidente Virgilio Barco, para denunciar el caso de Posada, fue llamada de urgencia a Palacio.

Barco, quien se había posesionado 23 días antes, inauguraba su mandato con la más cruda ola de persecuciones y atentados criminales contra la nueva alternativa nacida de los acuerdos de paz de la Uribe.

Pedro Nel, como Leonardo, antes de terminar sus carreras, el primero como educador en la Universidad Nacional y el segundo como abogado del Externado, eran activos militantes de la Juventud Comunista y como tales se destacaron en las lides estudiantiles.

A Pedro Nel lo acribilla un sicario que iba en una moto conducida por un miembro del ejército, cuando se disponía a recoger, al mediodía de ese 1 de septiembre, a su hija del Colegio Normal Nacional, ubicado sobre la vía a Puerto López, en Villavicencio.

Los asesinos, como quedó demostrado, salieron en dirección a la VIII  Brigada, donde varios testigos los vieron ingresar.

Posteriormente, dentro de la investigación, se conocieron varias declaraciones que sindicaban al Teniente Miller Tarsicio Koy, jefe de Inteligencia de esta  Brigada como el militar que dio la orden de asesinar al recién electo senador de la UP.

Según los archivos policiales la medida fue ejecutada por los suboficiales del B2, Sargentos Serbio Tulio Luna y Ovidio Tabuco Betancur.

Quien disparó fue Arnulfo Castillo Agudelo, ex militar conocido como "Rasguño", quien hacía parte de la estructura paramilitar de Víctor Carranza Desde 1985, y durante la presidencia de Virgilio Barco Vargas, que empieza en 1986, los crímenes contra los miembros de la Unión Patriótica eran realizados en el marco del denominado "PLAN BAILE ROJO", uno de los cinco proyectos desarrollados por las estructuras militares para exterminar a este grupo político.

El 3 de septiembre de 1986, durante el sepelio masivo y de protesta que conmovió a todo Villavicencio, se realizaron permanentes seguimientos militares y al llegar al cementerio, un grupo de seis hombres armados detuvieron y desaparecieron forzadamente a dos militantes de la Unión Patriótica del departamento de Guaviare, Jair López y Críspulo Hilario.

Estos dos destacados militantes fueron asesinados y sus cadáveres encontrados con señales de tortura en la vía que comunica a Villavicencio con el municipio de Acacías, el viernes 5 de septiembre de 1986.

Pedro Nel tuvo una vida plena al servicio de la causa popular. Nacido en 1948, en el Meta, se hizo abogado en el Externado de Bogotá. Por sus capacidades, fue nombrado Personero Municipal en Villavicencio.

Presidió el Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos del Meta y defendió presos políticos. Durante varios años fue integrante del Comité Regional del Partido Comunista Colombiano y luego dirigente político. Antes de ser Senador por la Unión Patriótica, fue Concejal de Villavicencio.

El crimen de Pedro Nel, muerto cuando apenas contaba con 38 años, sigue en la impunidad.


Tomado del Centro de Memoria, Paz y Reconciliación

lunes, 27 de agosto de 2012

Construyendo memoria en Colombia: La masacre de Puente Rojo




Vereda de Puente Rojo, Valle del Cauca


Por Roberto Romero Ospina
*Que no quede en el olvido la matanza de once trabajadores asesinados por el Ejército el 26 de agosto de 1962, hace 50 años, en una vereda perdida del Valle. Y medio siglo después, cuando se habla de que se abre un nuevo proceso de paz, sucesos como este jamás se deben repetir
“Once bandoleros fueron muertos, tres heridos y 43 detenidos durante un combate con fuerzas combinadas del ejército y la policía en el sitio de Puente Rojo, corregimiento de Costa Rica, jurisdicción de Ginebra”, escribió El Tiempo en su primera página del 27 de agosto de 1962.
El titular no era menos escabroso: “Abatida cuadrilla de bandoleros en el Valle”.
La noticia causó revuelo en el país, apenas 20 días después de posesionarse el conservador Guillermo León Valencia como el segundo presidente de la era del Frente Nacional pues de esta manera inauguraba su periodo con la primera masacre de pacíficos trabajadores.
El diario anunciaba que el domingo 26 de agosto y después de haberse recibido una información confidencial, tropas del Batallón Codazzi, asentadas en Palmira, tomaron por asalto una casa campesina de la vereda Puente Rojo.
Según las fuentes castrenses, allí se encontraba el “Capitán Ceniza”, sindicado como un temible bandolero que no se había acogido a los planes pacificadores del Estado.
Según la prensa, el combate se inicio a las dos de la tarde y tuvo una duración aproximada de una hora al cabo de la cual “las fuerzas del orden obtuvieron una gran victoria sobre los violentos”.
Los violentos no eran más que doscientas personas, que convocadas públicamente por la Federación de Trabajadores del Valle Fedetav,muchos venidos de Cali y Palmira, realizaban un bazar y reinado para acopiar fondos para La Liga Campesina de Puente Rojo.
Los soldados al grito de ríndanse y sin esperar respuesta, abrieron fuego contra la inerme concurrencia en la que había decenas de mujeres y niños con el resultado fatal de once muertos y tres heridos graves.
Y por supuesto, por allí no estaba el “Capitán Ceniza” que era la excusa perfecta para escarmentar a los pobladores de la región interesados solo en organizarse contra los terratenientes.
La batalla fue tan desigual, ateniéndonos a la “gran victoria contra los violentos”, que los militares solo encontraron una destartalada carabina .30 y ninguna arma en poder de los asistentes.
“Parte de los malhechores huyeron y escondieron seguramente el armamento en el monte”, relataba sin pudor el corresponsal de El Tiempo citando sus fuentes militares.
Entre los once trabajadores asesinados en aquel falso positivo de los años sesenta, se encontraba uno de los más destacados líderes sindicales del Valle y directivo de Fedetav, el comunista Carlos Julio Arboleda.
La tropa condujo a la cárcel de Palmira, Valle, a 43 personas, entre quienes se encontraban 13 mujeres y cinco niños.
La protesta por la matanza se extendió por el país y decenas de sindicatos realizaron mítines mientras la solidaridad obrera se expresó también en auxilios a las víctimas.
La bancada parlamentaria de Movimiento Revolucionario Liberal MRL, en la oposición, condenó la acción castrense dejando una dura constancia en una sesión plenaria de la Cámara.
Cuatro meses después de la ignominia de Puente Rojo, los 43 detenidos, acusados por la III Brigada como auxiliadores de los bandoleros, fueron puestos en libertad incondicional por un juez de Palmira.
Pero nada se dijo de los culpables de esta arbitrariedad sin nombre, cometida el mismo día en que a pocos kilómetros de Puente Rojo, en Toro, una cuadrilla de maleantes asaltó una finca donde se reunía un numeroso grupo de empresarios vallunos matando a 24 personas.
Buscaban al ministro de Justicia Héctor Charry Samper quien no había asistido al ágape. 
Con razón se preguntaba Fedetav, qué hacían las tropas en Puente Rojo, en una fiesta campesina, mientras masacraban a la élite agraria del Valle.
Un año después de los hechos, centenares de sindicalistas del Valle visitaron la vereda de Puente Rojo para asistir una asamblea de labriegos llena de simbolismo: apadrinaron la fundación del sindicato que aquel 26 de agosto, a sangre fuego, se quiso impedir.
Y medio siglo después, cuando se habla con cierta certeza de que se abre un nuevo proceso de paz, sucesos como los de Puente Rojo jamás se deben repetir.


sábado, 25 de agosto de 2012

Hace un cuarto de siglo, un 25 de agosto, Medellìn sufrió la peor andanada paramilitar contra la inteligencia

Construyendo memoria en Colombia. . .

De izquierda a derecha, Héctor Abad Gómez,
Leonardo Betancur y Luis Felipe Vélez





Hace un cuarto de siglo, un 25 de agosto, Medellìn sufrió la peor andanada paramilitar contra la inteligencia


Por Roberto Romero Ospina, tomado del Centro de Memoría
(
http://www.centromemoria.gov.co/)


*Hace 25 años, fueron asesinados  el maestro Luis Felipe Vélez, presidente de la Asociación de Institutores de Antioquia, y  los profesores de medicina y luchadores por los Derechos Humanos, Héctor Abad Gómez  y Leonardo Betancur. La protesta se extendió por todo el país con paros de educadores y movilizaciones.  En Bogotá, durante la jornada de lucha, fue asesinado a balazos el estudiante  de la Universidad Nacional, Luis Alberto Parada Pedraza. Las confesiones de Don Berna cinco lustros después

Los criminales andaban sueltos. Y no temían nada ante el manto  de impunidad que los cubría en todo Antioquia. Por eso actuaron a la luz del día y en una racha sin precedentes, con alevosía de espanto, fueron capaces de asesinar a tres personalidades paisas y luchadores sociales con intervalo de horas aquel aciago 25 agosto de 1987. Hoy hace exactos veinticinco años, un cuarto de siglo.

Primero fue el maestro


Primero fue el maestro Luis Felipe Vélez, de 33 años, presidente de la Asociación de Institutores de Antioquia, ADIDA y dirigente de la CUT. Acribillado a las 7:30 de la mañana cuando entraba a las oficinas del sindicato.

Y después el eminente médico liberal, Héctor Abad Gómez, 62 años, presidente dela seccional del  Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos, quien cayera junto a su ex alumno y amigo, Leonardo Betancur, 38 años, vicepresidente de  la Asociación Médica de Antioquia AMDA y dirigente de la Asociación de Profesores de la Universidad de Antioquia ASOPRUDEA.

Gómez y Betancur fueron atacados a las cinco de la tarde cuando iban a ingresar a la sede de ADIDA a presentar su pésame a los trabajadores del magisterio por el asesinato de Luis Felipe.

Héctor Abad no alcanzó a entrar a la sede sindical, una ráfaga de tiros  lo mató en el acto. Leonardo logró huir un trecho refugiándose en la cocina de la directiva sindical, pero allí llegaron los sicarios ultimándolo sin contemplación alguna y en medio del  concurrido  velorio.
Ese año de 1987 iba a marcar profundamente a Colombia. Con apenas dos años de haber nacido como una nueva opción política, la Unión Patriótica, en solo seis meses de campaña,  había obtenido  370 mil votos por su candidato presidencial  Jaime Pardo Leal, la más alta votación de la izquierda en toda su historia.

Los enemigos de los cambios, bien afincados en el establecimiento, no iban a aceptar de buenas a primeras semejante recomposición electoral. Y ese 1987 fue señalado como el comienzo del exterminio que culminaría con la propia ejecución de Pardo Leal el 11 de octubre.

La protesta ante el extermino de la UP  y la cuenta de cobro

En Antioquia, donde la UP se convirtió en la primera fuerza en varias regiones, en especial en Urabá, y con gran crecimiento en Medellín, decenas  de líderes y simpatizantes comenzaron a caer asesinados,  otros eran desaparecidos a manos de grupos de sicarios, la mayor de las veces con la complicidad oficial mientras la modalidad de la masacres sembraba el terror en campos y veredas.

La protesta no tardó en organizarse y se convocaban marchas contra el crimen. Una de ellas en favor de la vida, tuvo lugar el jueves 13 de agosto de 1987. Salió de la Universidad de Antioquia respaldada por millares de estudiantes, profesores y activistas de  Derechos Humanos.

Al frente iban los dirigentes del Comité Permanente por la Defensa de los Derechos Humanos,  los profesores universitarios Leonardo Betancur Taborda, Héctor Abad Gómez, Pedro Luis Valencia Giraldo, y los líderes del magisterio sindicalizado, entre ellos Luis Felipe Vélez.

Un día después vendría el castigo: en la mañana del viernes 14 de agosto, en su residencia,vecina de las propias  instalaciones de la IV Brigada del Ejército, y tras estrellar un vehículo contra la puerta del garaje, los asesinos ingresaron a la casa de  Pedro Luis Valencia Giraldo para darle muerte.

Valencia, médico y profesor de la Universidad de Antioquia, reconocido defensor de los Derechos Humanos, militante del Partido Comunista y Senador de la República por la Unión Patriótica, había dedicado toda su vida a la militancia y al trabajo social.

Y once días después, el 25 de agosto, los otros tres líderes de la marcha serían inmolados: Luis Felipe Vélez, Héctor Abad Gómez y Leonardo Betancur.El mismo 25, como queriendo amedrentar para siempre a todo el magisterio, fueron  heridos gravemente por sicarios los educadores Aura Gutiérrez Taborda, Israel Gómez Delgado y Abel Gómez de la Universidad de Antioquia.

Los crímenes enardecen a todos

ADIDA, que agrupa a todos los maestros y con el respaldo de la CUT, decretó un paro de 72 horas, iniciativa que ganó rápidamente el apoyo nacional. Decenas de manifestaciones y cese de actividades se dieron en todo el país.

La consigna por el derecho a la vida, las libertades democráticas y por el levantamiento del Estado de Sitio,movilizaron a millares de colombianos.

En Bogotá,  la protesta por los crímenes de Medellín se reflejó en una marcha del silencio que copó gran parte de la Plaza de Bolívar. Miles de estudiantes ocuparon las calles y parte de la muestra que salió de la Universidad Nacional fue atacada a bala por patrullas de la Policía muriendo el estudiantes de tercer año de Derecho, Luis Alberto Parada Pedraza,  por un tiro en el cráneo cuando transitaba por la carrera 26 con calle 25.

Betancur, quien había dejado el gobierno un año antes, a nombre del partido conservador se limitó a decir que el país “vive un momento de gran confusión que obliga a actuar con serenidad y templanza”. Sobran los comentarios.

Por su parte, Luis Carlos Galán, jefe del Nuevo Liberalismo y quien se perfilaba con el candidato presidencial sin rival a la vista, señaló que el país padece “una guerra sucia con atentados, desapariciones y amenazas que buscan la desestabilización”.

Y El tiempo editorializó lamentando los hechos de violencia de Medellín al tiempo que condenabalas movilizaciones populares y los paros del magisterio pues “promovían los desórdenes de quienes buscan el caos de la nación”.

Las confesiones de Don Berna, veinticinco años después

Por los crímenes de estos defensores de Derechos Humanos jamás hubo un detenido. A comienzos de febrero de 2012, un cuarto de siglo después, durante su tercer día de versión libre en el proceso de Justicia y Paz, el jefe paramilitar Diego Fernando Murillo, alias Don Berna, aseguró que Carlos Castaño,  fue el determinador del asesinato de Héctor Abad Gómez.

La operación se ordenó, según Don Berna, porque el médico “hacía denuncias que afectaban a las Fuerzas Armadas, haciéndole el juego al EPL. Por eso, Carlos tomó la decisión de ejecutarlo”.

Sobre el crimen del senador  por la Unión Patriótica, Pedro Luis Valencia, ocurrido el 14 de agosto de 1987, recordó que “Carlos fue personalmente a ese operativo con miembros de la IV Brigada”, y agregó que Castaño también estuvo detrás del homicidio del líder de los educadores de Antioquia, Luis Felipe Vélez.

Don Berna indicó  que todos estos crímenes hicieron parte de una estrategia de los paramilitares para apoderarse de la capital antioqueña. “Para finales de los ochenta, quien tenía el control de la guerra urbana en Medellín era Carlos, que lideraba un grupo de cinco o seis hombres, ayudados por militares, para ejecutar acciones contra la guerrilla”.

Sin embargo, cuando la Fiscalía le preguntó qué miembros de la fuerza pública ayudaron a Castaño en su plan para apoderarse de la ciudad, Don Berna guardó silencio y dijo que por problemas de seguridad preferiría no mencionar a nadie.

Al único al que se refirió fue al general FaroukYanine Díaz, ya fallecido, que en vida fue señalado, además, como responsable de la masacre de La Rochela, ocurrida el 18 de enero de 1989.

Respecto a él, Don Berna, que se encuentra recluido en los Estados Unidos pagando una pena por narcotráfico, dijo, como cita El Espectador en su edición de febrero 15 de 2012:  “Este general era clave en la lucha antisubversiva y en el apoyo a las autodefensas en asuntos logísticos, de relaciones con otros oficiales y con información”.

Los discípulos del general Millán Astray

En ese mismo año de 1987, entre los meses de julio y diciembre fueron asesinados: Darío Garrido Ruiz, profesor de la Facultad de Odontología; Edison Castaño Ortega, estudiante de la Facultad de Odontología; José Abad Sánchez, estudiante de la Facultad de Medicina Veterinaria; Yowaldin Cardeño Cardona, estudiante del Liceo Autónomo; José Ignacio Londoño, estudiante de la Facultad de Comunicación Social y Periodismo.

Así mismo  John Jairo Villa Peláez, estudiante de la Facultad de Derecho; Carlos López Bedoya, profesor del Departamento de Antropología; José Ignacio Uribe Londoño, estudiante; Gustavo Franco Marín, estudiante de la Facultad de Ingeniería; Rodrigo Guzmán, médico internista del Hospital San Vicente de Paúl.

Y también Orlando Castañeda Sánchez, estudiante de la Facultad de Medicina; Marina Ramírez, estudiante de la Facultad de Química Farmacéutica; Francisco Gaviria, estudiante de la Facultad de Ciencias de la Comunicación, y el humanista, abogado, antropólogo, teólogo y filósofo Luis Fernando Vélez Vélez, profesor e investigador, todos de la Universidad de Antioquia. Catorce integrantes del alma mater asesinados, uno cada quince días.

Una verdadera razzia contra  la intelectualidad progresista. Los perpetradores  cumplian al pie de la letra el lema del general fascista español Millán-Astray de “Viva la muerte, abajo la inteligencia”, que respondiera sabiamente  Unamumo en la Universidad de Salamanca el 12 de octubre de 1936, ¨podrán tener la fuerza, jamás la razón¨.

Héctor Abad Faciolince, hijo de Abad Gómez, escribió uno de los más hermosos textos sobre el padre. Que retrata todo lo bueno de los progenitores  con un título tomado de un poema de Borges: El olvido que seremos.

Abad Faciolince dice que "Nunca entendimos que lo hubieran matado ni que el traje con sangre que me entregaron en el anfiteatro pudiera ser su traje con su sangre”.

“¡Nunca sangre tan roja entre mis dedos! Había en los bolsillos un poemade Borges, «Epitafio», una lista de muerte con su nombre,y una bala incrustadaen el forro del cuello. La bala fue una de las seis que lo mataron y no la conservamos;los nombres de la lista fueron siendo borrados, en los meses siguientes, por los asesinos”.

“El poema decía:Ya somos el olvido que seremos.Y es verdad. A veces lo olvidamos.Yo voy a recordarlo el día en que me muera".

Sin embargo,  la memoria se resiste al olvido. No seremos el olvido como señalaba Borges. Por el contrario, el movimiento social por el rescate de la memoria histórica adquiere nuevas dimensiones  para que nadie, víctima de la violencia,  permanezca relegado en el recuerdo.

Centro de Memoria, Paz y Reconciliación